
Como el niño que se sienta en la arena de la playa esperando que el mar le atrape para poder jugar con las arenas humedecidas y saladas. Y como el abuelo que espera el atardecer en el banco de la plaza, esperando el mañana. Nos sentamos y esperamos. Pensamos en lo que vendrá. Pero nos sentamos.
Me siento y pienso. Conjuro para que esta vez no falle nada. Pero algo falla: estoy sentado.
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